Gabriel Boric e Israel: Radiografía de una relación en crisis

Del activismo parlamentario a la ruptura en defensa y la denuncia en La Haya: el historial de un mandato que redefine la seguridad y la diplomacia de Chile en Medio Oriente.

I. Antecedentes: Del activismo al Palacio de La Moneda

La postura del presidente Gabriel Boric no es una reacción coyuntural, sino una convicción forjada desde sus años como diputado. Su historial incluye la promoción activa del boicot (BDS) y episodios de fricción directa con la comunidad judía local, como el recordado incidente del “Tarro de Miel” en 2019, donde condicionó un saludo religioso a exigencias políticas territoriales.

II. El impacto en Defensa: Riesgos para la Seguridad Nacional

Bajo su administración, la relación técnica y militar —históricamente profunda— ha sufrido su mayor quiebre. La exclusión de empresas israelíes en la FIDAE 2024 no fue solo un gesto político; ex altos mandos de las FF.AA. han advertido que esta decisión pone en riesgo el Sistema Nacional Satelital (SNSAT), cuya tecnología depende de proveedores israelíes. El ex embajador Gil Artzyeli ha señalado que la suspensión de relaciones en defensa perjudica directamente a Chile, dada la dependencia en sistemas de vigilancia, drones y misiles. El gobierno ha instruido un plan para “dejar de depender” de esta industria, lo que expertos advierten aumentará los costos de defensa nacional.

III. El frente económico y comercial

Aunque el intercambio comercial no es masivo, las medidas del Ejecutivo han generado incertidumbre. El patrocinio al proyecto de ley que prohíbe la importación de productos de “territorios ocupados” marca un precedente de intervencionismo comercial. Además, Israel es un socio clave en tecnología de riego y desalinización; los gremios empresariales temen que el enfriamiento diplomático frene la transferencia tecnológica en sectores críticos para la crisis hídrica chilena.

IV. Reacciones de la Oposición: El debate por el “Doble Estándar”

La oposición chilena ha centrado sus críticas en tres ejes: el doble estándar, acusando al presidente de ser implacable con Israel pero matizado con dictaduras de izquierda; la imprudencia diplomática, calificando de “infantilismo” el desaire al embajador en 2022; y la seguridad nacional, criticando que se priorice la agenda ideológica por sobre el acceso a tecnología de inteligencia de vanguardia necesaria para combatir el crimen organizado.

V. Síntesis del impacto multidimensional

El impacto de esta gestión se manifiesta en cuatro frentes críticos que han alterado la estabilidad del país. En el ámbito de la defensa, la exclusión de ferias y el retiro de agregados genera un riesgo operativo inmediato en el soporte satelital y el mantenimiento de armamento avanzado. En el plano diplomático, la adhesión a la demanda por genocidio en La Haya alinea a Chile con el bloque del “Sur Global”, tensando los lazos con aliados occidentales tradicionales. Desde lo económico, el impulso de leyes contra productos de asentamientos abre la puerta a posibles demandas en la OMC y frena convenios clave de agrotecnología. Finalmente, en la política local, el uso de retórica de “Estado genocida” ha profundizado la polarización social, provocando denuncias sobre un aumento en la percepción de antisemitismo dentro del territorio nacional.


Conclusión

El derrotero de Gabriel Boric ha transformado la política exterior chilena de una “tradición de Estado” a una política basada en principios personales. Mientras el gobierno reivindica su derecho a liderar una condena moral global, el país enfrenta el desafío de gestionar las esquirlas en su seguridad nacional, su economía técnica y su cohesión interna. Lo cierto es que el puente entre Santiago y Jerusalén tardará décadas en reconstruirse.

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