Un análisis de las encuestas que revelan el persistente rechazo a la coexistencia y el apoyo a soluciones radicales en el corazón de la sociedad palestina.
A finales de 2025, el debate sobre la solución de dos Estados parece haber retornado a un punto de parálisis, no solo por la falta de voluntad política, sino por un factor que la diplomacia internacional suele ignorar: la opinión pública palestina. Un estudio exhaustivo realizado por el analista Stanley Greenberg —en colaboración con el Centro de Beit Sahour y basado en entrevistas a adultos de Cisjordania y Gaza— arroja cifras que deberían sacudir la conciencia de cualquier mediador.
Los números revelan que el obstáculo para la paz no es meramente territorial, sino ideológico y educativo, arraigado en un rechazo profundo a la legitimidad del otro.
El rechazo a la solución de dos Estados
Frente a la histórica premisa de dos patrias para dos pueblos, la respuesta de la calle palestina es tajante. Apenas un 34% de los encuestados acepta el concepto de coexistencia. Por el contrario, un 61% lo rechaza de plano.
Más revelador aún es que el 66% de los consultados sostiene que cualquier solución de dos Estados debe ser solo una etapa inicial para, finalmente, consolidar un único Estado palestino sobre todo el territorio. Esta visión de «etapas» desvirtúa cualquier negociación de buena fe, ya que no busca la paz definitiva, sino una ventaja estratégica para la eliminación del Estado de Israel.
Jerusalén y la negación de la historia
En cuanto al estatus de Jerusalén, la exclusión es casi absoluta. El 92% reclama la ciudad como capital exclusiva de Palestina, mientras que solo un 1% reconoce la soberanía israelí. Este maximalismo se sustenta en un dato inquietante: el 62% de los encuestados niega formalmente los miles de años de historia judía en la ciudad, borrando de un plumazo la evidencia arqueológica y cultural milenaria.
El culto a la violencia y el discurso de odio
La encuesta entra en terrenos oscuros al evaluar la ética de la violencia. Los resultados ilustran un impacto profundo del discurso oficial de los líderes palestinos en las nuevas generaciones:
- Secuestros: El 62% apoya el secuestro de soldados y su mantenimiento en cautiverio como rehenes.
- Educación en el odio: El 53% favorece el uso de canciones y materiales escolares que incitan al odio hacia los judíos.
- Influencia de Hamas: El 80% concuerda con las consignas de la carta fundacional de Hamas sobre la derrota militar de los judíos, y un escalofriante 73% asiente ante citas que llaman a perseguirlos y matarlos dondequiera que se escondan.
A pesar de estas cifras, existe una disonancia: mientras dos tercios prefieren la «resistencia» sobre la diplomacia, solo el 22% apoya abiertamente el lanzamiento indiscriminado de cohetes contra civiles, sugiriendo que hay un margen, aunque estrecho, de pragmatismo frente al terrorismo a gran escala.
Prioridades distantes de la diplomacia
Al consultar sobre las prioridades de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), el divorcio entre los líderes y el pueblo es evidente. Mientras Mahmoud Abbas se enfoca en ofensivas diplomáticas en la ONU, el 83% de los palestinos exige puestos de trabajo. Solo el 4% considera el reconocimiento en la ONU una prioridad, y apenas un 2% otorga importancia a las conversaciones de paz.
Conclusión: El muro de la intolerancia
La realidad evidenciada en estas cifras revela el mayor obstáculo para la coexistencia: el éxito del adoctrinamiento. Desde el rechazo a la partición en 1948, el propósito de los movimientos palestinos —ahora admitido explícitamente por Hamas e Hizbolá— ha sido la desaparición del Estado de Israel.
No puede haber esperanza de paz cuando el objetivo final es la destrucción del interlocutor. Repugna a la conciencia internacional que se pretenda, por un lado, hacer apología del secuestro y la yihad, y por otro, exigir reconocimiento diplomático. La intolerancia religiosa y el desconocimiento de la historia son las cadenas que hoy impiden que el pueblo palestino sea llevado hacia una convivencia pacífica.
Este estudio ilustra a quienes suelen adherirse a causas por emoción antes que por razón: no se puede exigir paz a quien, en sus propios términos y encuestas, solo busca la destrucción de aquel a quien debería reconocer