Análisis sobre por qué el retorno a las líneas de 1967 es hoy una imposibilidad estratégica frente a la amenaza de Hamas, Hezbollah y la hegemonía regional de Teherán.
A finales de 2025, el tablero geopolítico ha dado un giro definitivo. Mientras Mahmoud Abbas y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) insisten en la ONU con un reconocimiento basado en fronteras anacrónicas, la realidad sobre el terreno —tras más de dos años de guerra abierta contra el terrorismo financiado por Irán— ha enterrado el viejo paradigma. Con el retorno de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la política de “muletas” y concesiones de la era Obama-Biden parece dar paso a un enfoque de “paz mediante la fuerza” y el reconocimiento de realidades soberanas irrenunciables para Israel.
El mito de la «usurpación» ante la amenaza del Eje
Es inaceptable que cierta diplomacia europea y latinoamericana persista en la falacia de que Israel ha «usurpado» tierras, cuando hoy es más evidente que nunca que Israel es la única barrera frente a la expansión del islamismo radical. Las líneas de 1967 no fueron fronteras, sino simples líneas de armisticio de 1949, dictadas exclusivamente por consideraciones militares tras el intento árabe de destruir al Estado judío en su nacimiento en 1948.
La gestión palestina actual busca que el mundo olvide un hecho fundamental: Israel aceptó la partición de 1947; los estados árabes la rechazaron y eligieron la guerra. Hoy, esa misma mentalidad de aniquilación se proyecta a través de Hamas en Gaza y Hezbollah en el Líbano, ambos actuando como peones de la teocracia iraní.
La Resolución 242: «Fronteras seguras» en la era de los misiles
La Resolución 242 de la ONU estableció la premisa de «paz dentro de fronteras seguras y reconocidas». Tras el 7 de octubre de 2023 y los constantes ataques de Hezbollah desde el norte, el concepto de “frontera segura” ha dejado de ser una frase diplomática para convertirse en una necesidad de supervivencia.
Como bien señalaron en su día los redactores de la resolución, como Lord Caradon, exigir el retorno a las posiciones de junio de 1967 sería imponer fronteras “imposibles y artificiales”. En 2025, con la sofisticación del armamento de Irán y sus aliados, volver a esas líneas sería una invitación al suicidio nacional para Israel. La administración Trump parece comprender lo que otros ignoran: la seguridad no se negocia sobre mapas de hace 80 años, sino sobre la realidad del campo de batalla actual.
Los tres pilares de la nueva realidad
Para un diagnóstico realista hoy, debemos considerar:
- Soberanía vs. Disputa: Nunca existió un Estado palestino previo a 1967. Los territorios son, en el mejor de los casos, “en disputa”, y esa disputa se ha visto alterada por décadas de agresión palestina.
- El Factor Irán y sus satélites: No se puede hablar de fronteras con una ANP que ha sido incapaz de distanciarse de Hamas o de frenar la influencia de Teherán. El “Eje de la Resistencia” (Hamas, Hezbollah, Hutíes) tiene un solo objetivo: la destrucción de Israel, no la convivencia.
- El fracaso de la unilateralidad: El intento de Abbas de lograr un Estado por decreto en la ONU, esquivando la negociación directa con Israel y el reconocimiento de su seguridad, es una vía muerta. La nueva administración estadounidense ya ha dado señales de que no avalará premios diplomáticos al terrorismo.
Conclusión
Año tras año, Israel ha defendido a sus ciudadanos mientras la dirigencia palestina ha preferido el victimismo a la construcción de un Estado responsable. En 2025, el escenario ha cambiado: el mundo ya no puede permitirse el lujo de sostener el proceso de paz con “muletas” de papel y retórica vacía.
La paz duradera solo será posible cuando se reconozca que Israel debe tener fronteras defendibles frente al expansionismo iraní y que la era de las concesiones territoriales a cambio de promesas de seguridad rotas ha llegado a su fin. La diplomacia de la realidad, impulsada hoy por un nuevo eje en Washington, es la única que puede ofrecer una esperanza genuina de estabilidad